lunes, 2 de febrero de 2015

En otros mundos.

No logro pensar en algo más cercano a una bendición o maldición que verla esta mañana vestirse, verla sólo con el brassier negro cubriendo senos carne de anón de mi vista morbosa, con el pantalón aún sin abrochar y a media nalga, dejando ver esos calzones de licra que se ajustan perfectamente a su trasero, dejando volar mi imaginación.

Busca su blusa, antes de ponérsela se observa en el espejo, se admira; ni Dios es capaz de saber lo que pasa en su mente; se pone la blusa, se sigue observando, esta enamorada de su propio cuerpo, juega con su cabello, se lo revuelve, sabe lo provocadora que es, se lo vuelve a arreglar, sonríe, está en otro mundo; no estamos en el mismo mundo, pero nos encontramos cuando nuestros cuerpos coinciden en la noche bajo las mismas sabanas. 

No nota que la observo, volvemos a estar en mundos diferentes, como anoche, cuando contesto a mi llamado urgente. Me tiene completamente encantado, el simple rose de su imagen contra mi piel me transporta a lugares desconocidos para mi novato corazón.

Se va, ya está lista, se va, pero recuerda que estoy aquí, regresa a la cama y me da un beso en la frente como diciendo "lo hiciste bien", se detiene a mirarme a los ojos y me da un beso apasionado que ya no sé qué quiere decir, se separa y suelta una risa coqueta por el recuerdo de anoche, se va.

Me deja el cambio en la mesa.


Por: L.A. Espejo

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